EDUCAR CON PRESENCIA Y CON EJEMPLO FORJA SERES FELICES

 

 

EDUCACIÓN  Moldear el barro antes de que endurezca

La presencia de los padres, el ejemplo de vida y la firmeza forjan hijos felices y equilibrados.

                                                        

            Para definirnos y darnos forma en el transcurso de nuestra vida, sobre todo en las primeras etapas (niñez, juventud, y quizá hasta la edad adulta) tomamos información de todas partes y por supuesto de las personas que tenemos a nuestro alrededor: En casa, en el colegio, en la calle, en el trabajo.  

Siempre que alguien utiliza el verbo “ser” proyecta una marca de información que tenderemos a utilizar e influirá en la construcción de nuestro autorretrato;   Así por ejemplo, si alguien de cierta autoridad para nosotros dice:       “? Para qué lo intentas si no eres capaz?” Ese comentario puede añadir un elemento de distorsión a esa imagen nuestra que estamos creando.        

                                                                   La gran mayoría de la gente no es consciente de la importancia que tiene todo aquello que sigue al verbo “ser” ya que es a partir de la mala utilización de este verbo que puede construirse gran parte de nuestra personalidad y autoestima;  Es aquí donde, en los primeros años de nuestra vida serán nuestros padres y educadores los que dibujarán las primeras improntas que definirán la idiosincrasia y el equilibrio de nuestro futuro.

Por eso los que tenemos hijos, sobrinos, nietos o alumnos hemos de ser especialmente cautos y procurar no hacer comentarios del tipo: “eres un desordenado”  “eres lento”  “eres incapaz”  “eres torpe”.

Será mucho más constructivo y educativo cambiando el verbo ser por otros verbos, y así decir por ejemplo: “Hay desorden”  “Puedes actuar con más rapidez” “te sientes incapaz pero puedes” “Has cometido una torpeza que se puede corregir”

                                                                                                                                                                                        La gran mayoría de la gente no es consciente de la importancia que tiene todo aquello que sigue al verbo “ser” ya que es a partir de la mala utilización de este verbo que puede construirse gran parte de nuestra personalidad y autoestima.

                       Para conocer o entender mejor cómo evoluciona en la mayoría de los casos nuestra personalidad voy a poner algún ejemplo y a describiros algunas situaciones reales.  Seguramente muchos de vosotros, de niños, cuando pasabais  unos días en la playa junto al mar;  y en más de una ocasión construisteis alguna figura en la arena;  ¿Recordáis qué desolación cuando una ola más grande de lo previsto se llevaba en un instante aquella figura que quizá con algún amigo construisteis con tanta ilusión y esfuerzo?

Algo similar nos pasa a las personas en la construcción de nuestra personalidad, es decir, en la definición que hacemos de nosotros mismos, en la descripción que nos hacemos de nosotros a nosotros mismos.   Con el tiempo vamos creando algo similar a una imagen en la arena, que en este caso sería como el autorretrato que nos representa.

                ¿Qué os parece si en el taller de hoy, sacáis ese niño que lleváis dentro y os cuento un cuento?  En realidad no vamos a perder de vista el tema que venimos tratando, más bien lo vamos a comprender mejor.

 El soberano de un reino, se encontraba ya en una avanzada edad y quería asegurarse de que, antes de abandonar el mundo le transmitía a su hijo una importante lección. A lo largo de las épocas de su reinado, aquello había sido clave para mantenerse firme y conseguir que finalmente reinara en su país la paz y el bienestar.   Por alguna razón, el joven príncipe no acababa de entender lo que su padre le decía.

                                                      Sí, padre, comprendo que para ti es muy importante el equilibrio, pero creo que es más importante la astucia y el poder.

             Un día, cabalgando el rey a lomos de su corcel tuvo una gran idea.

Tal vez, pensó, mi hijo necesita no que yo se lo repita más veces sino hacérselo ver, representárselo de alguna manera.

                                                                 Entusiasmado por aquella brillante idea, convocó a las personas más importantes de su corte en el salón principal del palacio para pedir su colaboración.

                                                                                 Quiero que se convoque, un concurso de pintura, el más grande e importante que se haya nunca creado.  Los pregoneros de palacio se encargarán de hacer saber en todos los lugares del mundo que se dará una extraordinaria recompensa al ganador del concurso.

                        Majestad, preguntó uno de los nobles:

¿Cuál es el tema del concurso?  El tema, es la serenidad, el equilibrio; sólo una orden os doy, dijo el rey: Bajo ningún concepto rechacéis ninguna obra, por extraña que os parezca o por disgusto que os cause.   

Aquellos nobles se alejaron sin entender muy bien la sorprendente instrucción que el rey les había dado.

                                          De todos los lugares del mundo conocido, llegaron maravillosos cuadros.  Algunos de ellos mostraban mares en calma, otros, cielos despejados en los que una bandada de pájaros planeaba creando una sensación de calma, paz y serenidad, paisajes idílicos, lagos en calma y otros muchos paisajes, todos ellos claramente representativos del tema que aquel rey había escogido.  Los nobles estaban entusiasmados ante aquella colección de cuadros tan bellos. 

                                   Sin duda, su majestad el rey va a tener muy difícil elegir el cuadro ganador entre obras tan magníficas.    De repente, ante el asombro de todos, apareció un cuadro extrañísimo.  Pintado con tonos oscuros y con escasa luminosidad, reflejaba un mar revuelto en plena tempestad, en el que enormes olas golpeaban con violencia las rocas oscuras de un acantilado.

El cielo aparecía cubierto de enormes y oscuros nubarrones.

Los nobles se miraron unos a otros sin salir de su incredulidad y pronto irrumpieron en burlas y carcajadas.

                                                           Sólo un demente o un iluso podría haber acudido a un concurso sobre la serenidad con un cuadro como ese.

Estaban a punto de arrojarlo de aquella sala cuando uno de los nobles se interpuso diciendo:   Tenemos una orden del rey que no podemos desobedecer.  Nos dijo que no se podía rechazar ningún cuadro  por extraño que fuese. 

Y aunque no hayamos entendido esta orden, procede de nuestro soberano y no podemos ignorarla.   Está bien dijo uno de los nobles, pero poner ese cuadro en aquel rincón,  donde apenas se vea.           

                                                                 Llegó el día en el que su majestad el rey tenía que decidir cuál era el cuadro ganador.  Al llegar al salón de la exposición su cara reflejaba un enorme júbilo y, sin embargo, a medida que iba viendo las distintas obras, su rostro fue transformándose, dibujando una creciente decepción.

                                  Majestad, ¿Es que no os satisface ninguna de estas pinturas? Preguntó uno de los nobles.   Sí, son muy hermosas, de eso no cabe duda, contestó el soberano, pero hay, hay algo que desearía encontrar y falta en todas ellas.

                                 El rey había llegado al último cuadro de la exposición sin encontrar lo que tanto buscaba,… cuando de repente, se fijó en un cuadro que asomaba en un rincón.

                                     ¿Qué es lo que hay allí que apenas se ve?

Es otro cuadro majestad.   ¿Y por qué lo habéis colocado en aquel lugar tan apartado?  Majestad, es un cuadro pintado por un demente, nosotros lo habríamos rechazado, pero siguiendo vuestras órdenes de aceptar todos los que llegaran, hemos decidido colocarlo en ese rincón para que no empañe la belleza del conjunto.

El rey, que tenía una curiosidad natural, se acercó a ver aquel extraño cuadro, que, en efecto resultaba difícil de entender.

Entonces, aquel rey y padre, hizo algo que ninguno de los miembros de la corte había hecho, acercarse más a aquel extraño cuadro y fijarse bien en todos sus detalles.   Fue entonces cuando súbitamente, todo su rostro se iluminó y alzando la voz, declaró:  Este es, sin duda, el cuadro ganador.

Los nobles se miraron unos a otros pensando que su rey había perdido la cabeza.   Uno de ellos tímidamente le preguntó:  Majestad… nunca hemos discutido vuestros dictámenes, ni vuestras decisiones, pero  ¿Qué veis en ese cuadro para que lo declaréis ganador?       

                                                                No lo habéis visto bien, acercaros.   Cuando los nobles se acercaron, el rey les mostró algo entre las rocas de aquella pintura.   Era un pequeño nido donde había un pajarito recién nacido.   La madre le daba de comer, completamente ajena a la tormenta que estaba teniendo lugar.

                                   El rey les explicó, qué era lo que tanto ansiaba transmitir a su hijo el príncipe;   La serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales como reflejaban los otros cuadros con sus mares en calma, sus idílicos paisajes o sus cielos despejados.

La serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención, en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad.

Antes o más tarde, golpearán nuestra vida las olas de los contratiempos, de las dificultades o de la enfermedad;  En el devenir de nuestra existencia, habrá días grises, plomizos, oscuros y sonarán con estrépito los truenos de la tormenta.   Conservar la serenidad, tener Paz y equilibrio en esos días de agitación, de zozobra, incluso de peligro, no es fácil, y fácilmente se cae en el desánimo, se nos apodera el miedo y nos invaden la angustia y la ansiedad.


Para no sucumbir en las tormentas de la vida, no sirve ser astuto o hacerse con el poder, porque estas dos peanas son de humo y tarde o pronto se esfuman; Es preciso vivir sin egoísmo, CREER, AMAR y PERDONAR;  Y de verdad, estas 3 palabras no son de púlpito, son 3 llaves milagrosas para conseguir que nada ni nadie os robe los mayores tesoros de los que podamos disfrutar toda la vida: LA PAZ, y EL BIENESTAR .  


                                                                                


 


 

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