76 ANSIEDAD

Un enemigo insidioso que no mata pero roba la ilusión de vivir:

 

1. No deja vivir con sosiego

2. Provoca angustia, desazón, zozobra, incertidumbre, miedo

3. Resulta molesta para los que te rodean

4. Conduce a comportamientos de los que luego te arrepientes

5. Te acompleja y te hace alejarte de los demás

 

Pero ¿qué es la ansiedad?

La ansiedad es la respuesta de los seres humanos (y también de los animales) cuando el cerebro siente o presiente algún peligro que pone en riesgo nuestro equilibrio, nuestro bienestar, incluso nuestra vida; peligro que no siempre es real y que, en muchas ocasiones, es en realidad fruto de nuestra imaginación.

Ocurre que, si nuestro cerebro interpreta como peligroso algo que la mayoría de las veces es inofensivo o irreal, envía igualmente mensajes que inducen a la ansiedad, como si se tratara de un peligro real.

De alguna forma, la ansiedad se parece a lo que ocurre con el estrés (ese mecanismo que se genera en nuestra mente para adaptarnos a un ritmo de vida acelerado).

Al referirnos al estrés, hay que distinguir el estrés adaptativo, al que podemos llamar “bueno”, del estrés patológico. Un exceso de este último, así como cuando estiramos demasiado una goma se debilita y se rompe, puede ser el desencadenante o la antesala de una ansiedad patológica.

Asimismo se dan dos tipos de ansiedad: la ansiedad buena (valdría decir «defensora» o «protectora», como respuesta a peligros reales) y la ansiedad falsa («enganchada», «encapsulada» o negativa), que responde a miedos ficticios que solo están en nuestra imaginación. La primera es necesaria porque nos moviliza e impulsa a buscar una solución, mientras que la ansiedad negativa o enfermiza nos bloquea y nos impide disfrutar de las cosas buenas de la vida.

Tanto si el peligro es real como si es imaginario, el cerebro va a repetir esa misma respuesta una y otra vez ante el mismo estímulo. Puede valer el ejemplo de aquella canción o aquel aroma que nos transportan a un tiempo pasado y nos traen no solamente el recuerdo, sino también las sensaciones que se produjeron en aquella situación.

La ansiedad funciona de parecida manera: se queda «enganchada», activándose cada vez que el cerebro recuerda una mala escena del pasado.

La ansiedad provoca de forma inmediata síntomas en nuestro sistema nervioso que se traducen en tensión, estrés y agarrotamiento de nuestros músculos para ponernos a salvo.

 Sudoración, taquicardia, palpitaciones, nudo en el estómago, falta de aire, sensación de embotamiento en la cabeza… son algunos de los signos que acompañan casi siempre a la ansiedad.

Así pues, la ansiedad que se origina para hacer frente a un peligro real es salvadora, es natural, pero la ansiedad provocada por un peligro irreal, imaginario, puede llegar a ser enfermiza y muy castigadora.

Cuando la ansiedad «ha hecho presa de su víctima» y se cronifica, pueden aparecer situaciones banales, cotidianas y habituales que disparen el miedo, la angustia, la inseguridad o el estrés como reacción al recuerdo de situaciones pasadas que nos dejaron una impronta muy traumática: miedo a ir a una tienda, miedo a pasear por la ciudad, miedo a salir de casa, miedo a subir a un ascensor, miedo a encontrarnos con aquella persona, pánico a hablar en público, etc.

¿Sabíais que el éxito es un gran mentiroso, un gran tramposo? Ya imagino que algunos estaréis pensando: «Pues a mí no me importaría alcanzarlo por una temporada».

Los que alcanzan el éxito en cualquier campo viven a partir de entonces esclavos de él y entran en un círculo, en un bucle en el que no les pueden faltar continuas emociones, gratificaciones, aplausos y protagonismo, y, cuando les llegan a faltar, caen estrepitosa y penosamente en un desequilibrio  mental que les hunde en una tremenda ansiedad.

¿Cómo se manifiesta la ansiedad?

La ansiedad mala o enfermiza se produce porque, a través de tus pensamientos obnubilados, incoherentes o marcados por atemorizantes y antiguos recuerdos, se ve o, más bien, se imagina un peligro que no existe. Por muy seguro que sea el ascensor, si piensas que se va a caer y tu cerebro interpreta que tu pensamiento es cierto, inmediatamente enviará síntomas de ansiedad y la conducta será de angustia, huida o evitación.

A partir de aquí, lo primero que se debe hacer es reflexionar y valorar si los pensamientos o las sensaciones que se repiten sin motivo real corresponden a algún grado de ansiedad (mejor con ayuda).


Veamos de qué diferentes maneras se manifiesta la ansiedad.


Huida/evitación

Respuestas físicas y psicológicas

Palpitaciones, aceleración del pulso, sudoración, temblores, sensación de ahogo, falta de aliento, zozobra, sensación de atragantamiento, opresión o malestar torácico, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad, mareo o desmayo, sensación de estar separado de ti mismo, sensación de embotamiento, falta de concentración, mente en blanco, aturdimiento respecto al entorno, irritabilidad sin motivo, tensión muscular sin motivo, dificultad para conciliar el sueño, sensación de no descanso por la mañana, inquietud o impaciencia frecuentes, fatiga fácil y sin motivo, sensación de entumecimiento o de hormigueo, escalofríos o sofocos.

 

Sensación de pérdida de control

Tener miedo a perder el control o a volverte loco, hacerte daño a ti mismo o a los demás en un arrebato incontrolable o comer compulsivamente.


Miedos

Miedo a sufrir un infarto, a morir tú o algún ser querido, a que ocurra alguna desgracia, a estar solo o con demasiadas personas, a atragantarte, a respirar poco, a estar en sitios muy grandes o muy pequeños, miedo a viajar, miedo a determinados objetos, a personas determinadas o a situaciones específicas, miedo a animales, a las inyecciones, a la sangre, miedo a perder la cabeza, preocupaciones irracionales por cosas de la vida. En fin, miedo a cualquier situación, persona, suceso, animal o cosa que por sí misma no sea causa real ni suficiente de temor.


Pensamientos repetitivos

Imaginaciones, películas que pasan por la cabeza y no se pueden evitar, lavarse las manos continuamente, poner en orden objetos o comprobar constantemente si algo está donde estaba.

Acciones repetitivas: rezar de determinada manera, contar o sumar inevitablemente matrículas de automóviles.

La característica principal de la ansiedad es que, poco a poco, se generaliza y cada vez hay más cosas que producen ANSIEDAD.

El estrés, las prisas, el consumo sin control, ese afán de poseer, de aparentar, de buscar la felicidad allí donde no está, tienen a menudo un alto precio, y se llama ansiedad.

Los instintos negativos de huida, los falsos miedos y todo lo que alimenta la ansiedad, una vez enganchados en nuestra mente y en nuestro corazón, resultan muy difíciles de eliminar por nuestra cuenta, salvo que caigamos en una grave enfermedad y consigamos salir de ella.                                                                                                        El precio es alto, pero… en estos casos, aunque no siempre, suele producirse el milagro de la reconversión.

Mi experiencia me ha enseñado que, para erradicar una ansiedad enganchada, se hace necesario pasar por un tto. integral e integrativo bien dirigido, que pasa por tres condicionantes:

El primero: tener o buscar y encontrar un estímulo, un objetivo o un proyecto estimulante, algo por lo que ilusionarse o por lo que luchar (familia, hijos, hobbies, entretenimientos, etc.).

En segundo lugar, contar con la ayuda de un buen consejero, un psicólogo o, en casos más graves, un psiquiatra.

Y, por último, y no menos importante, un tto. paliativo de apoyo por vía oral que deberá recomendar el profesional en cada caso.

Los medicamentos clásicos, tranquilizantes, antidepresivos, ansiolíticos, somníferos,neurolépticos, etc., son siempre  soluciones de urgencia que, bajo prescripción médica, resultan posiblemente una primera solución rápida para paliar los síntomas de la ansiedad, pero sin olvidar que, a cambio de camuflar la sintomatología, que en primera instancia a veces se hace necesaria, estos fármacos tienen algunas contraindicaciones que el médico o el farmacéutico sabrá referir y explicar.

Como alternativa a esos tratamientos clásicos existen los que, sin efectos secundarios ni contraindicaciones, han demostrado en el tiempo ser muy eficaces, como son los que hoy os voy a recomendar.

Tres remedios comprobados, sin efectos secundarios ni contraindicaciones ni incompatibilidades con otros tratamientos en curso para los que padezcáis desajustes ligados a la ANSIEDAD como puedan ser hiperexcitabilidad, estrés, nerviosismo, emotividad desmesurada o trastornos del sueño.

L 72 gotas (homeopatía): 30 gotas en un poco de agua tres veces al día, fuera de las comidas, dejando un minuto en la boca antes de tragar.

SEDATIF comprimidos (homeopatía): dos comprimidos unos minutos antes de las tres comidas, dejándolos disolver bajo la lengua.

OPTIM SERENITY (dos plantas, ashwagandha y rodiola): dos perlas en ayunas, tragadas con un poco de agua.

Os ayudarán a sobrellevar cualquier clase de ansiedad hasta encontrar la raíz y combatirla eficaz y definitivamente.

¡Qué bien transcurre la existencia cuando tenemos paz, ilusiones y buen humor! Pero ¡ay!, como me decía una amiga hace tiempo: «¡Qué majos somos y qué contentos estamos cuando nos encontramos bien y todo va viento en popa!».

En algunos sitios de Asia, para capturar ciertas variedades de monos, utilizan una trampa muy curiosa y, a la vez, simple. Colocan una caja de madera atada a un árbol. A la caja le han practicado un orificio circular que permite que pase justamente la mano del mono estirada hasta el interior de la caja.

Dentro de la caja se pone alguna comida que para el mono resulte atractiva, exquisita, y entonces lo único que hay que hacer es esperar. Al cabo de un tiempo, aparece un mono que empieza primero a explorar el lugar, para luego, poco a poco, introducir su mano por el orificio y agarrar el manjar que está dentro de la caja. Con el puño cerrado para que no se le escape su festín, intenta sacar la mano del orificio, pero ahora, al estar la mano cerrada con la comida dentro, no puede sacarla. En ese momento, salen de su escondite los cazadores y, con facilidad, atrapan al mono.

No os aferréis a muchas cosas, ideas o creencias que os esclavizan y que os hacen caer en trampas como a los monos de la historia que os he contado, porque nunca seréis libres, sino prisioneros.

Somos tan frágiles, tan volubles, tan maleables los humanos que con excesiva facilidad se apoderan de nosotros la incertidumbre, el estrés, los miedos, los deseos y los caprichos, avivados por ese monstruo del consumo, del tener, del placer momentáneo y que, en tantos casosacaban cobrándose un alto precio, desembocando en la ANSIEDAD.

El Dr. Mario Alonso Puig, reconocido y prestigioso médico, cirujano, filósofo y psicólogo nato, cuya filosofía de vida comparto en gran manera, expresa y afirma: «Ante los profundos cambios que se están produciendo y la enorme vorágine en la que vivimos, los cuadros de ansiedad no paran de aumentar en todo el mundo».

Un estado de ansiedad, asevera, se genera de una forma muy simple: basta imaginar que en el futuro van a aparecer una serie de problemas. Esto nos obnubila, nos angustia y nos asalta la gran incertidumbre de si seremos capaces de resolverlos y si lo haremos con éxito.

El Dr. Mario Alonso Puig describe la ansiedad como un estado de inquietud curioso y hasta absurdo, porque… empezamos a sufrir en el presente por algo que no sabemos que vaya siquiera a ocurrir en el futuro.

El gran filósofo y matemático francés del siglo XVII René Descartes escribió una carta al final de su vida en la que llamaba la atención un comentario muy singular: «Mi vida —dice— estuvo llena de desgracias, muchas de las cuales jamás sucedieron».

Un gran remedio para los que estéis a tiempo: en cuanto reconozcáis los primeros síntomas de ansiedad, dejad atrás cualquier cosa que os esclavice, que no os deje volar.

No olvidéis que: «Un mal hábito entra en vuestra cabeza como un huésped gorrón y oportunista, se une a la familia y finalmente se hace con el control.

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